Pájaros 1 – Alondras y Sílabas

M4040002.JPGALONDRAS Y SÍLABAS

La palabra sigue siendo la misma y la cosa evocada no es la misma cosa… Fernand Delygni

Alondras y Sílabas. 1) La realidad existe o no existe, en todo caso es incomprensible en su esencia, así como las esencias son incomprensibles en la realidad, y la comprensión es otro espejo para alondras, y la alondra es un pajarito, y un pajarito es el diminutivo de pájaro, y la palabra pájaro tiene tres sílabas, y cada sílaba tiene dos letras, y así es como se ve la realidad existe (puesto que alondras y sílabas) pero qué es incomprensible, porque además que significa significar, o sea entre otras cosas decir que la realidad existe…(El libro de Manuel; p.17). Así comienza un extraño debate sobre la realidad entre los principales personajes en El Libro de Manuel. Un juego lógico que deriva en una locura que se encuentra con otras locuras de otros locos de otras locas. Supone la paradoja que en este caso se traslada a: ¿las palabras o las cosas? Qué mejor ejemplo que el que pueden dar las aves, esas aves irreductibles a las palabras y que al mismo tiempo no las podemos explicar sin ellas. Pasarían como pasa el arte, ritmo que se metamorfosea en lenguaje; entonces el lenguaje no es determinante del ritmo es el ritmo quien determina al lenguaje, en otras palabras: si el lenguaje tiene ritmo es porque el propio lenguaje es un modo de expresión del ritmo, ritmo vital. El lenguaje teje, el lenguaje traduce en el mejor de los casos al ritmo en canto, voz y escucha.

Sujeción Semiótica. Para Guattari la racionalidad moderna se ha amalgamado a la maquina capitalista y cualquier forma de resistencia política nacida de cualquier borde necesariamente tendría en algún momento que cuestionar la producción semiótica con la que se reproduce su “hablar desde sí”. No se trata de crear neologismos o juegos semánticos sino de enunciar prácticas nuevas con nuevas formas de hacer y decir las cosas y para eso haya que volver al maquinismo semiótico de los lenguajes arcaicos, musicales, poéticos, vernáculos. Un lenguaje que no sólo acumule sino que componga, que no sólo repita sino que enuncie, que no sólo enuncie sino que cante. La actual homogeneización de las lenguas a través de los dispositivos tecnológicos digitales, ha traído consigo la pérdida no sólo de lenguas enteras de los pueblos originarios sino el empobrecimiento de nuestro lenguaje en cuanto al uso de palabras o la estandarización de los enunciados en función de algún modelo de sociedad gobernado para la sumisión. Se registra ya un empobrecimiento de timbres, juergas, elementos mímicos, silbidos y las formas creativas del habla “vulgar” o cotidiano. El simplismo capitalista arrastra consigo un amarre de sujeciones: económicas, políticas, de género, culturales, tecnológicas que se abstraen en una servidumbre semiótica. Por ejemplo el capitalismo ha facilitado el despliegue de un gran mercado que tiene que ver con la crianza: En estas condiciones, la iniciación a las semióticas del tiempo social ya no dependerá de ceremonias colectivas sino de procesos de codificación, centrados sobre el individuo, y que tenderán a dar un mayor lugar al televisor y al disco. Así en lugar de las nanas y las canciones infantiles de antaño, corresponde hoy a un osito de peluche televisivo –contrastando según los últimos métodos de marketing- inducir los sueños de nuestros niños, mientras que son administradas cancioncillas neurolépticas, en altas dosis, a nuestros muchachitas y muchachitos con mal de amor… Estas cancioncillas, estos ritmos, estas sintonías invaden todos nuestros modos de semiotización del tiempo; constituyen ese <<espíritu de la época>> que nos conduce a sentirnos <<como todo el mundo>> y a aceptar <<el mundo tal como va…>>.  (Félix Guattari; Líneas de Fuga, por otros mundos posibles).  Este tipo de sujeción hegemónica no es nueva, Iván Illich observa lo siguiente: Cristóbal Colón como Antonio de Nebrija se acercaron a la reina el mismo año para proponerle proyectos complementarios: uno para expandir el poder real a nuevas tierras, el otro para incrementar la cohesividad del estado soberano por medio de un idioma homogéneo. El blanco de las reformas propuestas por Nebrija no era la lengua de las élites españolas sino el lenguaje libre e ingobernable de las masas, el primer paso hacía lo que siglos más tarde se volvería un sistema de educación primaria obligatoria basada en lengua estandarizada. (Cita de Manuel de Landa, Mil años de historia no lineal, p. 154).

Resistir y Escuchar. Hay lenguajes mayores o artificiales que sirven para la cohesión hegemónica de las sociedades. Como una especie de “división mundial del trabajo”, hay una división mundial de las lenguas a través de la homologación de los idiomas que sirven para controlar las masas que no escuchan sólo hablan para que lo demás calle. Hay otros que llamamos lenguajes o idiomas menores que escuchan antes de hablar en el sentido que Carlos Lenkensdorf le da al Tojolabal Maya: En este idioma para el término de lengua o palabra hay dos conceptos: ‘ab’al y k’umal. El primero corresponde a la lengua o palabra hablada. Se enfoca, pues, el fenómeno lengua desde dos aspectos, el hablar y el escuchar. (Aprender a Escuchar; Lenkersdorf, p. 13). A pesar de que se da un continuum de los procesos colonizadores, aun así existen estos Pueblos y Naciones Indias con sus lenguas, sus usos y costumbres. De las lenguas originales la mayoría son ágrafas ya sea porque se destruyó su escritura como en las culturas mayenses o zapotecas, ya sea porque carecían de esta en su sentido estricto de escritura pues había otras formas de escribirlo como son los glifos y códices. En cualquier caso imposibilitadas para la modernidad homogenizadora: si se percibe una falta de escritura de las <<sociedades primitivas>>, debería de ser relacionada menos a una falta, a una carencia, un subdesarrollo, que a una resistencia colectiva inconsciente contra cierto tipo de maquinismo desterritorializado (Líneas de Fuga). Como lo recuerdan lxs zapatistas, si en ninguna lengua maya tiene traducción la palabra “rendirse” es porque no existe: “Buscamos la palabra en lengua para decir rendir y no la encontramos. No tiene traducción en tzotzil ni en tzeltal, nadie recuerda que esa palabra exista en tojolabal o en ch’ol… Esa palabra no existe en lengua verdadera, por eso los nuestros nunca se rinden y mejor se mueren, porque nuestros muertos manda que las palabras que no se andan no se vivan.” Si una lengua antigua se oye hablar, son miles de años de resistencia los que se hacen voz, creación, escucha y nos recuerdan que toda resistencia política como tal es poética y creativa, es silencio y a su vez, voz por pequeña o mínima que sea. Para Guattari retomando a Illich, las lenguas vernáculas sirven en ocasiones de refugio para la expresión para un modo de vida literalmente <<cercado>> por el ascenso de los equipamientos del capitalismo (Líneas de Fuga p. 25). Las formas de sujeción semiótica modelan nuestros mundos, haciéndolos más pobres, torpes, sucede como a lo que Freire refiere: “Sufren una dualidad que se instala en la “interioridad” de su ser. Descubren que, al no ser libres, no llegan a ser auténticamente. Quieren ser, mas temen ser. Son ellos y al mismo tiempo son el otro yo introyectado en ellos como conciencia opresora. Su lucha se da entre ser ellos mismos o ser duales. Entre expulsar o no al opresor desde “dentro” de sí. Entre desalinearse o mantenerse alienados. Entre seguir prescripciones o tener opciones. Entre ser espectadores o actores. Entre actuar o tener la ilusión de que actúan en la acción de los opresores. Entre decir la palabra o no tener voz, castrados en su poder y recrear, en su poder de transformar el mundo. (Pedagogía del Oprimido; p.29)”.  En contraste, el lenguaje homogéneo nos hace receptores y no actores. Y allí parece yacer el problema. Aprendimos a ser actores, personas que actúan. Se nos enseñó a ser buenos activistas, ¿pero aprendimos a recibir?… El recibir encierra un secreto: es el otro, son los otros cuyas palabras no las hacemos, no son producto de nuestro actuar, sino que viene de afuera y nos sacan del centro donde nuestro yo prefiere estar para mandar, dirigir y estar arriba (Aprender a Escuchar p.18). Complementariamente se aprende a obedecer, a ser servil, a ser dirigido, a ser arrinconado abajo. Para nuestro autor, el habla Tojolabal se encuentra antes y más allá de la relación habla/escritura, receptor/actor, lo auténtico de estas lenguas es la función integradora del yo y del nosotros, de lo diádico y dialógico. Esa connotación arcaica como disposición o dispositivo que opera para ensamblar agenciamientos colectivos, para coproducirse por quienes lo hablan, hace de la lengua una escucha de lo Otro: naturaleza, cosmos, mundo, pueblo, comunidad, casa. La lengua es ya una especie de diagramatización de lo ético en tanto que recorre una memoria de resistencia de esa misma vida con que se incorpora a la escucha, es decir al habla: implica saber andar la naturaleza, el cosmos, el mundo, el pueblo, el cuerpo, por ejemplo porque podría ser el trabajo, el barrio, el microbús, el juego de futbol, la fila de la clínica, que pueden pasar de las más comunes a las más raras; para poder andar la palabra. Las diferentes segmentarizaciones que dimensionan al lenguaje que se extiende en polivocidad, hacen de la palabra/escucha eso que a veces se denomina como profundidad. La palabra o escucha profunda es en tanto multiplica las posibilidades de las dimensiones, de las posibilidades combinatorias de segmentos y de la creación de nuevos. Por el contrario, cuando se les unidimensiona o especializa, se hegemonizan los segmentos y sus voces/escuchas homogenizadas, tienden a la repetición y a la resonancia. La normalización de irregularidades y normativización del ejercicio de la palabra se ensordece y ya no dice sino ordena, ya no escucha porque no para de hablar/mandar o de hablar lo hablado: obedecer.

La Escucha, el Silencio, la Voz. Algo semejante encuentra Pierre Clasters, cuando cree encontrar en comunidades Indias del Chaco que la palabra es colectiva, es escucha, es canto, es autoridad, identidad de sí mismo y ser colectivo porque, por decirlo así, la palabra se gana, se conquista en la experiencia y en ese sentido hablan los que saben porque han vivido, los jefes de la tribu hablan en colectivo y le hablan a la tribu. No todos son jefes en la tribu pero todos pueden serlo, la tribu prepara a sus jefes y esos son los que hablan y escuchan. La palabra “no se trata aquí del gusto, tan grande entre muchos salvajes, por los discursos hermosos, por el talento oratorio, por la palabra bella. No se trata aquí de estética sino de política.” (La Sociedad contra el Estado; 126). El jefe es la voz que recuerda los deberes de la tribu, su poder no es jerárquico ni representativo. La palabra es la fuerza colectiva que regula y cataliza las formas de violencia en la tribu, expone, muestra. Si la tribu ha conquistado su palabra es porque el jefe ha hecho suyo el silencio. Sólo quien conquista el silencio de la palabra puede escuchar y quien escucha, escucha la palabra y sus silencios, escucha y habla los silencios y las palabras de los otros que son otros siendo palabras y siendo silencios. John Cage habla a su modo también de ese silencio: ¿cómo fui llevando a modificar la estructura? Si el silencio no existe, sólo tenemos sonidos. Pero, en ese momento, uno empieza a darse cuenta de que ya no tiene necesidad de estructura. Poco a poco, quebré toda estructura. (Para los Pájaros, John Cage p. 37). ¿Acaso para ser audibles fuerzas que no lo son hay que aprender a escuchar? ¿Hay acaso algo qué escuchar además de lo que escuchamos? ¿Qué misterio puede ser? El silencio primordial de Cage se vuelve ese impulso de composición y experimentación musical, el silencio juega y busca los ritmos pero sin pulsarlos, sincopados. ¿Se puede entender así la palabra o lengua no constreñida a una gramática sino concebida a sí misma como una maquina indicativa y compositiva de los afectos en los cuerpos? ¿Cómo diferenciar el silencio de un sujeto al silencio de una lengua?

Lo Poético y el Acontecimiento. Huidobro explica en alguna parte de su ensayo sobre “La Poesía” las fuerzas que conjura el poeta para hacer audible y visible algo del acontecimiento a partir de esa abstracción territorializada en la carne y la sangre. De esa manera, la poesía y lo poético son rizomas en lugar de sistemas lineales, jerárquicos, cerrados y repetitivos. Lo poético produce antes de reproducir, son movimientos nuevos, prácticas nuevas antes de ser verso, escritura. Es acto no repetido, no lineal, abierto, el ritmo verbal es una manera de traducir el ritmo de las intensidades del cuerpo, del ritmo vital y cómo hace posible una máquina abstracta, colectiva y subjetiva, capaz de tender a crear colectivamente, de atravesar mundos, de mapearlos, de descubrirlos y escribirlos, una máquina creacionista: El poeta conoce el eco de los llamados de las cosas a las palabras, ve los lazos sutiles que se tienden las cosas entre sí, oye las voces secretas que se lanzan unas a otras palabras separadas por distancias inconmensurables (La Poesía, Huidobro V). Quizás este silencio-escucha es el caos que no excluye un cierto orden o ¿cómo imitar al caos vital? Lo poético se vuelve testigo fiel del caos primordial y de la batalla o de los movimientos telúricos y subterráneos que hay en torno a cada forma que emerge. Es el caos quien hace tartamudear al lenguaje y le hace hablar cosas que ni el lenguaje sabe, no una ausencia de cualquier tipo de orden sino la presencia de un orden que no ofrece un interés actual. Escuchar, aprender a escuchar lleva consigo despertar ese interés no sin un cierto aire de novedad que se actualiza en lo virtual de lo poético. Sin embargo una alegría inmanente rompe con la dualidad y la realidad rompe a volar, esa que ahora justamente queremos llamar alondra… Lo que hace posible el lenguaje es el acontecimiento, en tanto que no se confunde ni con la proposición que lo expresa, ni con el estado de aquel que la pronuncia, ni con el estado de cosas designado por la proposición. Y, en verdad, todo esto no sería sino ruido sin el acontecimiento, y ruido indistinto (Vigésima Sexta Serie p. 217). Los acontecimientos son esas conexiones entre lugares y afectos, entre las relaciones con lo que deviene deviniendo con ello. El acontecimiento se ensambla con lo que hay, con lo que se hizo, con lo que faltó y con lo que falta por hacer. El acontecimiento es esa ruta de telaraña que zigzaguea como narrativa cuando se responde ¿cómo estás? Allí cae un recuerdo, una lección de vida, un plan no logrado para que lo envuelva el lenguaje en palabras, interpretaciones, en las hambres de la memoria, en el escalofrío con el que se suele cobijar la piel. El acontecimiento está hecho de simplezas, de las risas sin testigos y de las cuitas de cada día.

Voz-Cuerpo. Toda palabra es física, afecta inmediatamente al cuerpo. El procedimiento es del siguiente género: una palabra, a menudo de naturaleza alimenticia, aparece en mayúsculas impresas como en un collage que la fija y destituye de su sentido; pero, a la vez que la palabra colgada pierde su sentido, estalla en pedazos, se descompone en sílabas, letras, especialmente consonantes que actúan directamente sobre el cuerpo, lo penetran y lo lastiman. Lo vimos ya en el estudiante de lenguas: la lengua materna es, a un tiempo, destituida de su sentido, y sus elementos fonéticos se vuelven singularmente hirientes. La palabra ha dejado de expresar un atributo del estado de cosas; sus trozos se confunden con cualidades sonoras insoportables, se rompen en el cuerpo donde forman una mezcla, un nuevo estado de cosas, como si ellas mismas fueran unos alimentos venenosos ensordecedores y excrementos envasados… (Décimo Tercera Serie). La alondra no se pregunta y ejecuta su canto matinal, mientras al humano la realidad se le convierte en un fracaso dominado por la arrogancia y la envidia en una rutina que gestiona repetidamente las necesidades propias sin dudar de la crueldad consecuente para satisfacerlas. Del piso hacia arriba y del piso hacia abajo, la tierra se mide así misma, cada forma plegada a su cuerpo es una medición de sí misma, es la realización de la naturaleza de la tierra ¿Qué será lo histórico, hacer historia? ¿Qué geografía encontrará su historia como verdadera, como un alma que sueña un cuerpo o un cuerpo que despierta su alma?… Alma sensor existencial, alma pantalla, alma espejo quebrado, alma sombra en la que se proyecta la fragilidad y la malicia de la carne, alma papel de titularidad, alma fuego que quema al papel, alma cúmulo de secreciones, chatarra de otros mundos y otros cuerpos. Antes, la geografía que divide los territorios de los estados y calcula la enemistad de la vecindad; antes la geografía de los encuentros e intensidades, de los movimientos y trayectorias de lo nuevo; antes las fuerzas de las promesas de los dioses por los que se vive y muere; antes explosión magma ardiente; antes… cuerpo aseado por la escritura, cercado por la palabra, embalsamado por las ensignaciones… cuerpo-tribu en extinción que recorre las estepas y desiertos del alma en el mundo. Y nos acostumbramos, naturalizamos la voz del canto fúnebre de las fosas clandestinas, de los cuerpos de mujer destrozados por las fauces de la sociedad del macho-patriarca, cuerpos que siguen valiendo menos que el arma que los mata, cuerpos desnudos decorados con la escritura del terror: tortura, saña, dolo, terror. Cuerpos presentes sin vida, cuerpos ausentes sin vida y sin muerte, porque lo que queda es su voz ¿qué nos dicen? ¿A qué convoca la voz de todos estos cuerpos? Para un poeta como Meshonic el cuerpo-voz no es ya “un medio de expresión, una forma para un sentido, sino la energía misma y el movimiento del sentido del cual el sentido no es separable. Sin menoscabo. Toda confusión de la fuerza y del sentido. El signo, de hecho, es el olvido de la fuerza. El olvido de la relación entre afecto y concepto. Sin el cual, sin embargo, el concepto no sería lo que es.” ¿Qué infierno ocultan y al mismo tiempo prolongan todos estos pedazos de cuerpos en este nuevo mercado de lo macabro consecuencia del hipercapitalismo? ¿Qué afectos, qué fuerzas, qué lenguas, qué conceptos para exorcizar el horror? ¿Es posible el cuerpo sin voz o la voz sin cuerpo? ¿Qué arte, qué poética podría acaso suturarlos? Cuando Rita Segato propone una lectura sobre las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez a partir de un lenguaje de la violencia se pregunta: El problema de la violencia como lenguaje se agrava aún más si consideramos que existen ciertas lenguas que, en determinadas condiciones históricas, tienden a convertirse en lingua franca y a generalizarse más allá de las fronteras étnicas o nacionales que le sirvieron de nicho originario. Preguntamos entonces: ¿Quién habla aquí? ¿A quién? ¿Qué le dice? ¿Cuándo? ¿Cuál es la lengua del feminicidio? ¿Qué significante es la violación? Mi apuesta es que el autor de este crimen es un sujeto que valoriza la ganancia y el control territorial por encima de todo, incluso por encima de su propia felicidad personal. Un sujeto con su entorno de vasallos que deja así absolutamente claro que Ciudad Juárez tiene dueños, y que esos dueños matan mujeres para mostrar que lo son. “Soberano es aquél para quien todos los hombres son potencialmente hominis sacri” (vida “nuda” que puede ser aniquilada sin consecuencias porque, como expresaba una variedad jurídica de la pena de muerte en el derecho romano, su condena consistía en retirarles cualquier status civil y humano) –“y homo sacer es aquél con respecto a quien todos los hombres actúan como soberanos”–. (Rita Laura Segato, La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez Territorio, soberanía y crímenes de segundo estado; p. 33). ¿Podemos suponer entonces que puede haber una poética de la destrucción, su propio oxímoron? ¿Será acaso esta misma escritura, los efectos de esos poderes de la violencia llevada al esmalte y al óleo lo que trata de visualizar Maritza Morillas? Para la pintora si se trata de naturaleza muerta, es porque alguien la ha matado, no es sólo la descomposición expuesta al paso del tiempo-espacio, es el asesinato al que uno está expuesto en el tiempo-espacio político, social, económico, de clase, de género, de especie. Son los cuerpos de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez a lado de los cuerpos de los animales del matadero, de los exhibidores en las carnicerías de cualquier mercado de cualquier ciudad no sólo para comparar, encontrar o conjuntar la brutalidad de la violencia exterior a ellos sino para mostrar que ambos cuerpos son víctimas del mismo “hombre”, de la misma crueldad y no creo que esta la encontremos cuando un animal mata por hambre, cuando tiene que cazar por sobrevivencia, la crueldad en este caso como el que descompone el cuerpo de las mujeres es la crueldad como hominización. El hombre del lenguaje es un síntoma de nuestros tiempos que hace hablar y actuar a su modo las voces de los cuerpos o los cuerpos/voz en una guerra que paradójicamente es silenciada pero que a su vez no dejan de expresarse los poderes de sus sentidos y sin-sentidos.

Sobre las Secreciones del Lenguaje. Así supuestamente superior, estruja en su ser un significado mientras mira ocurrir la alondra. Depredador de todas las aves va descomponiéndose en palabras, silabas, letras en las formas más viles y ordinarias del aliento: Las partes del cuerpo, órganos, se determinan en función de los elementos descompuestos que los afectan y agreden. Un puro lenguaje-afecto sustituye al efecto de lenguaje, en este procedimiento de pasión: «Toda escritura es una MARRANADA» (es decir, se descompone en trozos ruidosos, alimenticios y excremenciales). (Ibíd.). El lenguaje no sólo está plagado de secreciones sino que es una secreción más. Todo verdadero lenguaje presupone cuerpos, encarnaciones que se incorporan en los cuerpos de otros. Quien transmigra es el lenguaje-afecto capaz de concatenar los deseos de un cuerpo a otro, es por eso que los cuerpos deseantes no cesan de significar en vestigios en sangre, sudores, lágrimas, mucosidades ese balbuceo corporal que se mezcla con otras secreciones. El afecto del lenguaje en secreciones germen como las onomatopeyas, secreciones por regeneración como las jitanjáforas que evidencian el tartamudeo, sus arrebatos y aberraciones. Secreciones por metonimia y no por metáfora que suponen el efecto lenguaje. Secreciones por patáfora para que las metáforas no desplacen sino que se desplacen y se subviertan. El hombre absurdo, trucado, que perfumado las oculta y por pudor se adecúa así a su significado con la imposibilidad de proyectarse en el cielo de su deseo o la tierra de sus necesidades originales, de sus hambres nacientes, sin la inquietud ya de saber cuál es la raíz de sus flujos que lo atraviesan: ¿Cuál pista seguir, qué método? ¿Qué afecto, qué lenguaje?: 5b) Cambiar la realidad para todos –continúa el que te dije- es aceptar que todos son (deberían ser) lo que yo, y de alguna manera de fundar lo real como humanidad. Eso significa admitir la historia, es decir la carrera humana por una pista falsa, una realidad aceptada hasta ahora como real y así nos va. Consecuencia: hay un solo deber y es encontrar la buena pista. Método, la revolución. Sí. (El Libro de Manuel; p.18). Y otra vez el juego del sentido y sin sentido que sobrevuela no lo histórico sino lo histérico ¿Qué sería de la alondra sin su nombre? ¿Qué momento, qué intensidad hace de la realidad algo incomprensible? Siendo la esencia de la realidad algo ocurre como una alegría elemental, como algo irracional, disyunto e inasible. Cruza como locura y a la vez como razón en una rítmica terrestre y sin embargo profundamente aérea. En la vida de las alondras nada cambiaría sin su nombre si no llegarán volando a su nombre y a tal enunciado. Estos emplumados, voladores, ovíparos seres y todos aquellos que llamamos pajarezco a lo que les hacer ser de ese otro mundo animal… El libro de Manuel es un pájaro que va de árbol en árbol y que al leerse, uno se encuentra al pueblo de los pájaros pardos que nos invitan a salir de la jaula y volar con ellxs… Más vale pregunta en mano que mil respuestas volando…

 

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