De Fechas y Flechadores

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¿Cómo ampliar mi territorio hasta allá?
¡Atravesando este río, este lago, más allá
de aquel cerro! A partir de este pensamiento, la capacidad ideológica del hombre de recorrer a su capricho la Tierra y lo ultraterrestre, su capacidad física está en
contradicción con sus deseos, de allí la
tragedia humana. De este problema constante entre la impotencia y la potencia nace la discrepancia de la existencia humana: el hombre es, pues, medio libre, medio prisionero.

Mientras más lejano sea el viaje, se acentuará más la tragedia humana, ya que el deseo de convertirse en movimiento y alcanzar las metas deseadas, se vuelve un imposible. Así el pensamiento se convierte en papel de médium entre la tierra y el mundo infinito.

 

Paul Klee

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Una pregunta en la Escuela Zapatista, la cual llevó a otro alumno como Jean Robert a hacer un breve opúsculo para responderla, pensando que viene de un espejo que refleja las diferencias, un espejo controversial, una reflexión rara, exasperante. Se nos invita a buscar las condiciones de vida en la ciudad y pensar nuestra libertad. La pregunta es: Y ustedes, ¿Son Libres?

 

A nosotrxs también se nos hizo esta pregunta, en la milpa, en la asamblea con la comunidad, con la familia que nos hospedó, nuestro Votán… una y otra vez volvía… podemos contestar rápido así a la primera de que “no”, “no hay libertad y no nos sentimos libres”, pero renunciaríamos al hecho mismo de estar allí, y a esos breves lapsos de libertad que llegamos a conquistar en el Barrio, en el trabajo, en la escuela, con otros colectivos, en nuestros territorios y tiempos cotidianos. Además ¿Quién sino ellos tienen las condiciones y proporciones éticas para preguntar? ¿Por qué no tomarla entonces como un regalo?    

 

Pero tener ciertos privilegios no es ser libres. El poder de consumo no nos hace tampoco, ni el dinero, ni cualquier otro poder del estado. Somos consumidores y consumidos. El despojo de lo político consiste en parte en hacernos creer a punta de golpes y amenazas, que solo nos podemos gobernar en función prácticas que se reducen a vida civil permitida por el Estado. Vida de adecuación, vida que sólo tiene sentido bajo determinados valores o derechos. Fuera de ellos se es enemigo. Este despojo propicia que cualquier problema “social” lo asumamos exclusivamente como nuestro. La despolitización opera por culpa, “si somos pobres y no tenemos trabajo para comprar las medicinas que nos curaran, es culpa nuestra, de nadie más”, o lo contrario si se tiene lo suficiente y mas, “habrá que agradecer pues estamos en deuda”, fascismo que culpabiliza a la víctima.

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El estriamiento de la ciudad que a Alicia tanto sorprende: “¡El Mundo como un tablero de Ajedrez!” en el que se mueve nuestro pobre individualismo o el conjunto de estos. De una disciplina dura a un control flexible, leyes privatizadoras, aumento de impuestos, gobiernos mixtos (empresarios/castas políticas/narcotráfico), lo que no pudo hacer la derecha lo hizo la supuesta izquierda, llenar de diferentes tipos de policías a la ciudad para que la vecindad sea cuidarse todo el tiempo del otro.

 

Más allá de los estridentes logros sociales, el ciudadano experimenta los problemas de la violencia de estado como si fueran suyos, la causa se separa de sus efectos y estos se naturalizan para culparnos a nosotros mismos: “estamos que es ganancia…” La televisión amalgama este tipo de política irrigándola en todo el cuerpo de la sociedad y los medios en general no dejan de predicarlo. La despolitización consiste en relegar el ejercicio del poder a otro, al funcionario en turno. Ocurre un despojo básico en el saber y experiencia de una situación y se impone otra interpretación con el poder de una ley y proceso. Hemos sido desterrados a un lugar de usuario y espectador cuando mejor nos va y en el peor, arrastrado por la violencia que por más que difiera de su visibilidad termina revolcándonos sin chance de apelar, de defendernos.

 

La Ciudad modelo, ciudad depredadora, necesita devorar con lo que existe a su alrededor para poder afirmarse: ríos, bosques, lagos, ojos de agua, usos y costumbres, tejidos sociales, economías locales, tierras de siembra, tierras comunales, ejidales, reservas ecológicas. Ciudad capital, nosotros también somos esa ciudad.

 

La ciudad nos desborda, la ciudad de pequeñas tribus aisladas, dispersas en una masa. La soberbia urbe de concreto, la de la velocidad del tráfico, y de la tranza, la del trabajo fantasma ese que se hace pero donde nadie existe; ciudad de zombis con tablet y smartfon, de pantallas y banda ancha, allí donde el capitalismo productivo se reinventa, donde encuentra su doble mutante, la piratería, el bisne, la fayuca. La ciudad vigilada con miles de cámaras que guardan los extremosos contrastes donde cohabitan privadas y ciudades perdidas. Ciudad de periferias grises, nómades con sus cavernícolas en la esquina limpiando los parabrisas, escupiendo fuego, con sus indígenas migrantes cargando varillas para los segundos pisos, la de los niños insondables de la calle y pordioseros que agujerean el concreto para hacer un lugar para morar. Cuidad modelo de contención social, frágil burbuja, se acaba el agua, las deudas se acrecientan, el trabajo escasea, la ilegalidad laboral se legaliza, los fraudes proliferan como proliferan las drogas y el alcohol barato. La venta de cheetos y cocacola son un autoempleo que se vende en cualquier barrio como la diabetes y el cáncer pulula, el alimento digno se ignora o se desdeña, la salud también.

 

Aquí se acentúa la tragedia humana, entre sobrevivir y vivir con dignidad, la pobreza de nuestros pensamientos encaminados a una libertad civil, ilusoria, somnífera, adecuada para que pase sólo lo que deba de pasar. Creemos sin cuestionar que con calcarnos una historia que no es nuestra podremos cambiar lo que en el fondo no hacemos porque no sabemos para qué, porque tememos a la libertad, pues la vejez, la locura, la delincuencia, la enfermedad, el desempleo, la falta de vacante, salario mínimo salario de hambre… en cualquier momento volverá para reclamarnos que siempre hace falta más y más dinero.M2140013

 

 

¿Cómo ampliar el recorrido de una flecha lanzada al aire por los pueblos indios hasta nuestros territorios mínimos, transitorios, nuestro propio cuerpo y sus afectos? ¿Cómo tomar la flecha de los pueblos indios y lanzarla a otros rumbos, a nuestros rumbos? ¿Cómo decir que la resistencia zapatista no es una utopía si no un aquí y un ahora? ¿Cómo hacernos entender que lo que ahora es imposible para nosotrxs, precisamente una utopía, es una realidad para los pueblos zapatistas? ¿Cómo vaciar el Estado? ¿Cómo generar tejido social con luchas, con resistencias en lo económico, político, cultural? ¿Cómo ir rompiendo esas microdependencias y allí inventar otra cosa? ¿Cómo invertir el juego de ajedrez empezando con que no son sólo 2 jugadores?

 

Desde cierta perspectiva es muy pequeño lo que podemos hacer para ser libres, desde otra se necesitan todas y cada una de estas pequeñas conquistas que lleguemos a tener para aprender y contagiarnos. Necesitamos devenir indio, devenir mujer, devenir animal. Necesitamos volver a ver otra vez el espejo y reinventar nuestras semejanzas que nos muestren de qué está hecho el mundo de dónde venimos, para llegar a ser lo que somos y por tanto saber de lo que son capaces nuestras luchas.

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